Religión y Libertad Individual
"¿No se venden dos gorriones por una monedita? Sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin que lo permita el Padre; y él les tiene contados a ustedes aun los cabellos de la cabeza. Así que no tengan miedo; ustedes valen más que muchos gorriones." Jesús de Nazaret. - Mateo 10:29-31, Nueva Versión Internacional

El cristianismo, al resaltar la idea de que la persona
es única delante de Dios, ha contribuido de manera determinante a desarrollar el
concepto que hoy día tenemos de persona. Jesucristo ofreció a quienes le escuchaban la posibilidad de
tener una relación personal con 'el Padre' y amar al prójimo hecho también 'a la
imagen de Dios.' Como dice cierto autor: "Al concebir al individuo como imagen de Dios, al
acentuar su condición de interlocutor válido ante su Creador, se favoreció el nacimiento de
nuestra noción de persona como sujeto libre y responsable. Es sabido que en las religiones
monoteístas, el individuo es un tú ante su Dios."
[1]
Sin embargo, en el campo de la religión, ¿se ha permitido siempre que la persona de fe
progrese hacia la madurez espiritual en su relación personal con Dios y en la toma de
decisiones personales?
Aunque al principio el ideal cristiano fue el que se ha indicado anteriormente, con el tiempo
apareció un parternalismo religioso que propició que la gran mayoría de la gente se
mantuviera en una permanente 'minoría de edad',
expresión acuñada por el filósofo alemán Inmanuel Kant (1724-1804). Al respecto, José
Antonio Souto Paz, catedrático de Derecho Eclesiástico de la Universidad Autónoma de
Madrid, escribe:
"Si Kant habla de la minoría de edad es porque en la sociedad había estado instalado un sistema
paternalista que, calificando a todos los miembros como menores de edad, les sustraía la capacidad
de la toma de decisiones que le afectaban a sí mismos, y en nombre de esta supuesta incapacidad,
unos dirigentes cualificados tomaban las decisiones en nombre de las gentes, de cada individuo,
oficialmente discapacitado para ello.
El paternalismo ha sido un sistema tenaz y persistente que en algunos campos ha estado vigente
hasta fechas recientes y en la práctica continúa estando en muchos casos y en muchos ambientes.
El paternalismo religioso, el paternalismo político y jurídico, el paternalismo médico, etc., han
supuesto la instalación de los seres humanos en una permanente minoría de edad."
[2]
John Locke (1632-1704) "... el cuidado de las almas no está encomendado al magistrado civil ni a ningún otro hombre. No está encomendado a él por Dios, porque no es verosímil que Dios haya dado nunca autoridad a ningún hombre sobre otro como para obligarlo a profesar su religión. Ni puede tal poder ser conferido al magistrado del pueblo, porque nadie puede abandonar a tal punto el cuidado de su propia salvación como para dejar ciegamente en las manos de otro, sea su principe o súbdito, que le ordene la fe o culto que deberá abrazar. Ningún hombre puede, aunque quiera, conformar su fe a los dictados de otro hombre."
Comentando el espíritu de esas palabras, el profesor Souto Paz escribe:
Pero ahora añade algo significativo:
"Desde la religión y con argumentos religiosos Locke declara la autonomía individual en materia de
creencias y desmonta la concepción paternalista como instrumento necesario para realizar los
fines religiosos personales. La influencia posterior de Locke en las Declaraciones de derechos
americana y francesa no es necesario resaltarla. El reconocimiento de la libertad religiosa en
el ámbito civil ha sido recibida nítidamente en dichas Declaraciones, y aunque no sin esfuerzos
ni dificultades, hoy está recibida y aceptada universalmente en las Declaraciones Universales de
Derechos.
Efectivamente parece que el 'paternalismo religioso' sigue siendo hoy una realidad en el
ámbito de muchas confesiones religiosas. Y uno de los aspectos donde quizá más se note
es en la imposición de dogmas o de criterios
partidistas en el creyente medio por parte de sus dirigentes religiosos. En ocasiones,
aludiendo a cierta 'autoridad divina' hasta
se usan métodos coercitivos para mantener la 'pureza de la fe',
aunque la realidad muestre que muchos de los dogmas mantenidos a ultranza tienen un
débil apoyo en la Biblia. En otras ocasiones, hasta se 'tuerce' el
espíritu de ciertos pasajes bíblicos con el propósito de alcanzar un fin interesado.
Tome por ejemplo el uso que se hace en algunas confesiones religiosas de las siguientes
palabras del apóstol Pedro cuando alguien decide abandonar por razones de conciencia:
"Locke, sin embargo, ha llegado más lejos y ha puesto en entredicho el paternalismo religioso
en el ámbito de las propias confesiones, una cuestión para la que todavía hoy no están preparadas
muchas de las llamadas confesiones tradicionales."
"En su caso ha sucedido lo que acertadamente afirman estos proverbios: 'El perro vuelve a
su vómito', y "la puerca lavada, a revolcarse en el lodo'".
[3]
Básicamente ese es el significado del texto. No hay nada más.
Ir por tanto más allá del sentido concreto de esas palabras y aplicarlas con facilidad a quienes en conciencia opinan de otro modo, habría que decir que por lo menos
es deshonesto, si no sectario o inmoral. Con razón se suele decir que 'un texto sacado de contexto es un simple pretexto.' Usar la Biblia o el Corán como pretexto para defender intereses 'partidistas' de grupo e insultar de ese modo la conciencia y la libertad individual de otros, es una muestra no solo de un exceso de 'paternalismo', sino de claro fundamentalismo religioso.
Nadie debería desconocer hoy día que todo ser humano debe ser tratado con la dignidad
que le es intrínseca por el mero hecho de serlo, algo que muchas religiones no han
entendido todavía o que simplemente se niegan a reconocer.
Podría también tenerse en cuenta que toda persona tiene el derecho de, por evolución personal,
cambiar de religión cuando lo desee. Ese derecho es catalogado en los
ordenamientos jurídicos como un derecho absoluto
de la persona. El Convenio Europeo para la
Protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales, firmado en Roma
el 4 de noviembre de 1950, dice en su artículo 9, apartado 1:
Souto Paz, el autor antes citado, comenta esas palabras diciendo:
"Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este
derecho implica la libertad de cambiar de religión o de convicciones, así como la libertad de
manifestar su religión o sus convicciones individual o colectivamente, en público o en privado,
por medio del culto, la enseñanza, las prácticas y la observación de los ritos."
Si el Derecho común reconoce esa 'dimensión irrenunciable de la persona humana de elegir y
cambiar la propia cosmovisión', ¿debería ser menos la religión cuando en su esencia más pura
reconoce que el ser humano es 'imagen de Dios' y que por tanto posee dignidad por el mero
hecho de serlo?
¿De qué sirve ir a predicar a otros e intentar hacer nuevos prosélitos si cuando éstos
deciden en conciencia abandonar se les calumnia, se les veja, se les expulsa y se corta
todo trato humano con ellos? En Derecho eso se denomina 'proselitismo abusivo'
porque ignora por completo los derechos inalienables que todo ser humano tiene por el simple hecho de serlo. En el caso de muchas religiones, esa es todavía una asignatura pendiente.
"La libertad de cambiar de cosmovisión (religiosa o ideológica) ratifica la idea de que el derecho
que se garantiza es esa dimensión irrenunciable de la persona humana de elegir y, en su caso,
cambiar la propia cosmovisión.
No se trata por tanto del derecho de ingresar en una organización religiosa o ideológica que
pudiera limitar el abandono de los mismos; se trata de algo más profundo que una afiliación
o militancia en una organización. La libertad garantizada es una libertad individual, personal
e intransferible que permite al sujeto optar por una determinada cosmovisión, proceder a su
elaboración personal y, por supuesto, a modificar o cambiar esta concepción como resultado de
su propia evolución personal.
Esta libertad de elegir o tener una propia cosmovisión es un derecho absoluto que no puede ser
limitado ni por los poderes públicos ni por terceros."
En lugar de mantener respeto por los valores humanos, la religión mal entendida se pone en el
lugar de Dios y pretende reinterpretar las
palabras de cualquier apóstol o profeta. Es descarada e irrespetuosa porque desprecia
los derechos de la persona y desconoce por completo el concepto de 'derecho justo,' aquel que
está intrínsecamente relacionado con la justicia y la equidad. Como escribe Fernando
Mariño, catedrático de Derecho Público Internacional de la Universidad Carlos III de
Madrid:
"Ninguna gran religión si es verdaderamente universal puede dejar de defender los valores
de la paz y de la dignidad de la persona. Cualquier 'religión' o 'secta' que defienda la
violencia contra el ser humano en cualquier forma o la imposición violenta de sus
creencias, es una "religión muerta" y constituye alguna forma de ideología degenerada."
[4]
Las palabras del evangelio que encabezan este artículo producen paz y confianza profundas
en el corazón de cualquier persona con sensibilidad religiosa. Sentirá alegría porque están llenas de esperanza. Pero además, también muestran la gran sensibilidad de Jesús de Nazaret cuando asigna al ser humano la dignidad que merece. Si él fue un ejemplo en eso y siempre se puso del lado de los que sufrían afirmando que todo lo aprendió del 'Padre,' ¿no deberían obrar
igual quienes afirman ser sus seguidores?
Esteban López
Julio 2004

Notas:
[1] Manuel Fraijó, en "Dios, el Mal y otros Ensayos", Trotta, 1994.
[2] José Antonio Souto Paz, Comunidad Política y Libertad de Creencias (Marcial Pons, 1999)
[3] 2 Pedro 2:22,NVI.
[4] Aportación de las religiones a una ética mundial, pág. 237. Dykinson 2003.